“And is not He who cures the soul, which is more than the body, greater?”
-Paracelsus

 
En español se hace una marcada diferencia entre medicamentos y drogas. Por costumbre las drogas tienen una connotación negativa, más allá de generalmente estar prohíbidas. Los medicamentos en cambio son sustancias cuyo uso es justificado y aceptado, en el supuesto de que si son administrados adecuadamente pueden producir un “bien” para el cuerpo. Cualquiera puede comprar medicinas en la farmacia, en cambio, para comprar drogas se tiene que aventurarse a la calle, a cortar “drogas” clandestinamente al campo o a burlar las lagunas legales y pedirlas por internet. La sociedad considera medicamentos sustancias como el Prozac, el Tafil o el Tamiflu, por mencionar sólo algunos; la sociedad  considera drogas plantas como el peyote, la marihuana o las plantas que componen la ayahuasca, por mencionar sólo algunas. Alguien que viva alejado de este paradigma sociolingüístico seguramente se sorprendería de esta clasificación, de esta polarización. Incluso, inocentemente, podría pensar que la explicación más plausible es que alguien debió de haber invertido los papeles y que las drogas son estos duros medicamentos como el Haldol, el Neurotin, o el Ritalin (los “medicamentos” han matado a más de 10 mil personas en los últimos años) y las medicinas son la ayahuasca, el cannabis o los hongos psilocibe.
Las razones que da un organismo como el Food and Drugs Administration (FDA) para clasificar una sustancia como controlada son fundamentalmente dos: que no tiene una aplicación médica y que produce daños a la salud. Bajo este razonamiento, la mescalina, la ayahusca, el DMT, la marihuana (en algunos estados y países), la psilocibina, el LSD, el MDMA no representan ningún beneficio a la salud y sí han probado ser perjudiciales para la misma. Tal vez tú, como yo, estés preguntándote qué entiende por salud un organismo como el FDA. Tal vez su extraña concepción de la salud pueda ser alumbrada por esta frase de J. Krishnamurti: “No es saludable estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma“. Podemos parafrasear el dicho popular y decir que las medicinas que tenemos son un reflejo de nuestra sociedad (de la misma forma que nos merecemos los políticos que tenemos). Quizá por eso muchos de nosotros, desadaptados e incomformes, en la adolescencia y en la juventud, recurrimos a las drogas psicodélicas (como una protesta política cósmica ante nuestra realidad psicosocial).
A veces la etimología nos otorga epifanías —como si hubiera un orden mágico en el origen de las palabras. En la lengua inglesa la palabra “health” (salud) se deriva de la raíz anglosajona “hal”, la misma de la que proceden  “whole” (entero), “holy” (sagrado) y “heal” (sanar).  A veces el lenguaje es lúdico y nos deja integrar aquí la raíz griega “holo” (todo), misma que compone palabras como holograma, holístico y holotrópico (lo cual más adelante relacionaremos con la medicina psicodélica). De esto podemos interpretar que entonces la salud es un estado que tiene que ver con un equilibrio entre todos los elementos de nuestro organismo, como si fueran un todo, una unidad que podríamos considerar “sagrada”, un holograma en el que cada parte contiene y afecta a todas las otras partes. El plano de lo sagrado nos remite al concepto muchas veces formulado de “mi cuerpo es mi templo” y  por extensión a la noción de que el cuerpo es sagrado, como un templo, porque es habitáculo  —o interfaz— del espíritu o de lo espiritual, es, podríamos decir, el holograma del alma.
Empecemos a esbozar una teoría. ¿Es posible que la definición de la salud de nuestra sociedad, dictada por organismos como el FDA (que evidentemente sirven como catering de las farmacéuticas), esté formulada sin tomar en cuenta el aspecto espiritual (y aquí no necesitamos conjurar un alma inmortal, basta con una fuerza vital, ki, o bioenergía)? ¿Es posible que esta definición, como el mismo paradigma positivista-atomista sobre el cual se erigieron las ciencias modernas occidentales, esté concebida sin tomar en cuenta el aspecto integral de la salud y, en cambio, parezca estructuralmente concebida para separar y seccionar todo cuerpo? Tal vez esto nos ayude a entender un poco por qué, además de los intereses económicos y de control mental político, las plantas psicodélicas están prohibidas en el plano legal y ostracizadas en el plano social y por qué no son entendidas como medicinas.
Buena parte de nuestro edificio de conocimiento se ha fundado sobre el racionalismo, un sistema altamente efectivo para conquistar el mundo externo y producir máquinas y tecnología que apuntalan el “progreso” de la humanidad. No queremos distanciarnos demasiado del tema, pero una de las consecuencias del racionalismo cartesiano y posiblemente anterior, anclado en la filosofía griega, es que el cuerpo se divide del alma (o del espíritu) y es visto como un conjunto de distintos elementos mecánicos. Esta concepción ha llegado a formularse en términos seculares como la división del cuerpo y la mente: la medicina considera que lo que sucede en la mente no tiene un efecto directamente ligado al cuerpo y que cada parte del cuerpo es independiente y puede ser tratada sin afectar a las demás. Yo no me puedo enfermar del riñón o provocar un cáncer por tener patrones de pensamiento enfermizos o curar por tener patrones de pensamiento curativos (aunque es verdad que existe una incipiente tendencia a incorporar y aceptar técnicas de mente-cuerpo como el yoga, la meditación y, la crux de este artículo, las sustancias psicodélicas).
Si consideramos que el cuerpo y el espíritu (o la mente) son condensaciones indisociables de una misma entidad, entonces debemos reformular nuestra definición de salud. “El hombre no tiene Cuerpo distinto de su Alma; ya que lo se llama Cuerpo es una porción del Alma discernida por los cinco Sentidos”, escribió el preclaro poeta inglés William Blake. En esta percepción se abre una grieta importante —la raya luminosa en el abismo— para las “drogas psicodélicas” como agentes y facilitadores de una salud de cuerpo-mente-espítritu. Por un momento las cosas se invierten y las drogas son las medicinas.
Como dijera el padre secreto de la medicina moderna, el alquimista suizo Paracelso, en ocasiones “el veneno es el antídoto”. Una sociedad profundamente enferma como la nuestra quizás se beneficiaría de tomar el veneno, en la dosis correcta, en el contexto adecuado y lanzarse al abismo a ver qué sucede.
El significado de la palabra “psicodélico” puede entenderse como “aquello que revela o hace manifiesto la mente”. Pero recordemos también que el prefijo psi entrelaza en su origen a la mente con el alma (Psique es la diosa griega del alma), de ahí que pueda tener un otro significado: “aquello que hace manifiesto el alma”. Una medicina integral necesita hacer surgir a la mente-alma de la profunda sombra del cuerpo de la historia, para tratarla como parte de un mismo proceso orgánico, si es que queremos en verdad sanar (y despertar de la pesadilla). Esta tal vez sea la clave de las sustancias psicodélicas: que develan, de manera a veces violenta, el cuerpo espiritual o cuerpo energético, un cuerpo que muchas veces nos atemoriza ver  (“todo ángel es terrible”) y que en ese pánico, que violenta la realidad establecida, puede fragmentarnos aún más si no contamos con los “doctores del alma” o si nosotros mismos no sabemos operar y nos movemos por la selva sin poder ver las ramas (las almas). En este sentido la medicina psicodélica debe de fundirse con la psicología y hacer visible la sombra de nuestra persona, encararla, aceptarla y posiblemente sublimarla. Jung decía que hasta que no hacemos consciente lo inconsciente vivimos bajo su tiranía, sin poder leer los símbolos de nuestra propia escritura.  Las sustancias psicodélicas —entre la magia y la mayéutica— son un acervo milenario de biotecnología especialmente apta para desocultar lo inconsciente, traer lo invisible (por bloqueado), los monstruos y los ángeles, a la superficie. Y entonces tenemos la espada y enfrentamos el dragón de nuestra propia mitología.
Para diferenciar de la clasificación peyorativa de drogas como la heroína o el crack algunas personas han empezado a llamar a las sustancias psicodélicas”enteógenos” (que llevan a dios dentro, continuación del teonanacatl), empatógenos (en el caso de sustancias como el MDMA) e incluso holotrópicos (que actuán sobre la totalidad del organismo, siguiendo la terapia transpersonal del mismo nombre del brillante psicólogo Stan Grof). Más allá de estas poéticas  y a veces útiles aunque pretenciosas clasificaciones, el interés de este artículo es argumentar que fundamentalmente estas sustancias son medicinas. Se puede creer que las plantas son espíritus y que al tomarlas se entabla una relación con una entelequia o un ancestro —según considera el biólogo Jeremy Narby de la ayahuasca en su libro seminal The Cosmic Serpent; se puede creer que las plantas contienen campos de información morfogenéticos, los cuales se activan al ser tomadas y hacen que revivamos experiencias milenarias que nos permiten realizar una especie de arqueología profunda de nuestra propia psique y de la psique planetaria —como sostiene en buena medida Terence Mckenna, quien también considera que existe un tipo de inteligencia astral en el hongo, por ejemplo; o se puede creer que simplemente detonan procesos neuroquímicos, encendiendo y apagando zonas que normalmente no se orquestan de esta forma en el cerebro, pero lo que nos parece indudable, a la luz de la evidencia, es que estas sustancias tiene un uso médico. Es posible incluso que sean las medicinas más poderosas de la naturaleza, en el sentido de que tratan al organismo humano de manera holística y lo acercan a un entendimiento holístico de sí mismo: medicinas que te enseñan a ser tu propio médico (porque puedes sentir tu espíritu).
A continuación presentamos una lista de sustancias psicodélicas que tienen usos médicos y terapéuticos y que sin embargo están prohibidas en la mayor parte del mundo. La lista no es exhaustiva, es solamente un acercamiento a lo que podría llamarse el “renacimiento de la medicina psicodélica”. Intenta, por otra parte, llamar la atención sobre los posibles beneficios de estas sustancias con el riesgo que implica utilizarlas sin el debido conocimiento, fuera de un contexto apropiado o sin un diagnóstico adecuado (como cuando por automedicarse, se falsifican recetas médicas para obtener fármacos controlados). A veces se olvida que abrir “las puertas de la percepción” es un poco como abrir tu casa (tu cuerpo) en la noche: si bien te permite ver las estrellas y otras delicias del cosmos, también permite que entren todo tipo de entidades desconocidas que navegan los vientos astrales.
CANNABIS
Como es sabido la legalización de la marihuana médica en Estados Unidos ha arrojado una serie de datos sumamente interesantes sobre los múltiples beneficios del cannabis, haciendo que más de 15 estados permitan el uso médico de esta planta. Actualmente es posible que el cannabis sea la sustancia más efectiva (en cuanto a costo-beneficio si se le compara con sustancias como la morfina) para quitar el dolor. Acaso por su factor psicoactivo, por su masaje también mental, el cannabis se erige com una especie de wonderdrug o remedio milagro que puede ser utiilzado para todo tipo de malestares, pero no sólo como paliativo sino como un mecanismo de curación. Entre los beneficios del cannabis que han sido comprobados en estudios científicos, se cuentan: combate la migraña, disminuye la velocidad del crecimiento de tumores, alivia los síntomas de enfermedades crónicas, ayuda a prevenir al Alzheimer, combate el glaucoma, previene convulsiones, ayuda al tratamiento de desórdenes y déficit de atención, ayuda al tratamiento de esclerosis múltiple, disminuye los malestares del síndrome premenstrual,  ayuda en el combate de desórdenes obsesivo-compulsivos (Beneficios médicos comprobados de la marihuana y también consulta marihuana medicinal en Pijama Surf).
También hay que decir que existe información que apunta a que el uso prolongado del cannabis podría contribuir a la psicosis.
Aunque la marihuana es menos tóxica que la aspirina y no ha matado a ninguna persona por su toxicidad (la única manera de morir de una sobredosis de marihuana es si te quedas encerrado en un closet con decenas de kilos de marihuana y tu casa se empieza a incendiar) , sigue siendo ilegal en la mayor parte del mundo.
MDMA
Esta sustancia que antes de ser llamada “éxtasis” por el marketing de la calle iba a ser llamada, quizás con mayor precisión, empatía, tiene una serie de aplicaciones relevantes en distintos ámbitos de la psicoterapia, el manejo de emociones y el estrés. El MDMA ha probado ser especialmente efectivo como tratamiento para el estrés post-traumático que sufren los veteranos de guerra. Al producir una descarga de serotonina, dopamina y oxitocina, el MDMA coarta el centro que procesa miedo en el cerebro, la amígdala. Esto hace que un paciente en terapia de estrés post-traumático pueda revisitar las memorias que lo atormentan o confrontar emociones dolorosas sin sentir la aprehensión que generalmente siente, pero, a la vez,  sin los efectos sedativos de las drogas ansiolíticas. En el caso de los veteranos de guerra, que sufren también de dolores corporales, el MDMA es especialmente útil, ya que también reduce el dolor físico.
El estudio más reciente y más amplio sobre el MDMA muestra que esta sustancia no genera daños cerebrales en su estado puro.
El MDMA ha sido usado para tratar la depresión, problemas matrimoniales, ansiedad, etc. Por esto MAPS (Multidisciplinary Association for Psychedelic Studies) se ha embarcado en un proyecto prioritario de 10 años y 10 millones de dólares para hacer que se permita usar el MDMA para asistir en diferentes tipos de psicoterapia. Aquí se pueden consultar una serie de estudios científicos que apuntan a que el MDMA es efectivo asistiendo en distintos tipo de psicoterapia.
El gran diseñador de drogas Alexander Shulgin, que resintetizara el MDMA después de años de olvido en 1976, dijo, después de tomar la primera dosis de éxtasis: “Me siento absolutamente limpio adentro, no hay nada más que pura euforia”. El MDMA permite moverse límpidamente por las emociones, sanar enconos y formar vínculos afectivos, pero este castillo de diamantes puede fácilmente derrumbarse una vez que se extingue la “luz encapsulada” de esta sustancia si no se consume como parte de un proceso terapéutico dirigido y con una intención clara de trabajo más allá del mero uso recreacional (en el cual a veces se convierte en una escalera espectral al erotismo espiritual).
PSILOCIBINA (HONGOS)
Hace 50 años el profesor de psicología de Harvard, Tim Leary, visitó Huautla de Jiménez, terruño de la curandera mujer-árbol-estrella, María Sabina y tuvo una experiencia que cambió su vida con los hongos alucinógenos. Esta experiencia encendió al rascal guru de la psicodelia que luego intentaría encender al mundo. Leary regresó a Harvard encaramado en la luz azul de la psilocibina y empezó a realizar estudios con sustancias psicodélicas en lo que pareceía ser una época dorada desfilando por Divinity Lane. Antes de que el mismo Leary contribuyerá a la prohibición de las sustancias psicodélicas como el LSD, su entusiasmo absoluto por estas medicinas lo llevó a dosificar con psilocibina a prisioneros para “decriminalizarlos”. El experimento Concord logró que sólo regresaran 25% de los prisioneros que salieron de la cárcel y tomaron psilocibina. El promedio era del 64%. Lamentablemente estos experimentos no pudieron ser replicados porque Leary fue expulsado de Harvard justamente por proporcionar psicodélicos a los alumnos.
Tal vez porque los hongos alucinógenos son probablemente la primera medicina integral de la historia de la humanidad, usados para curar en numerosas culturas chamánicas, actualmente la ciencia occidental empieza a prestarle atención a los valores medicinales de la psilocibina, el principio activo de muchos de los hongos alucinógenos, parte de la familia real psicodélica de las triptaminas.
Actualmente ya se emplea la psilocibina en programas piloto para tratar pacientes en fase terminal. El médico Charles Grob del Harbor-UCLA Medical Center en Los Angeles tiene evidencia de que en todos los casos en los que se ha administrado este psicodélico a personas con cáncer su ansiedad ha disminuido, mejorando así la calidad de vida y el estado de ánimo,  y estos beneficios han sido sostenidos por varios meses.
“Bajo la influencia de alucinógenos los individuos trascienden su identificación primaria con su cuerpo y experimentan estados libres de ego antes del tiempo de su estado físico actual y regresan con una nueva perspectiva y una aceptación profunda de la constante de la vida: el cambio”, dice el Dr. Grob.
El primer estudio realizado en décadas en el Reino Unido con psilocibina apunta a que los hongos podrían servir como efectivos antidepresivos, sin muchos de los efectos secundarios que estos fármacos exhíben, como la pérdida de apetito sexual.
La psilocibina —como todas las triptaminas— tiene una estructura química similar a la de la serotonina, la hormona que regula los estados de ánimo, y  hace aleaciones con receptores de serotonina en las neuronas. Esto le abre la puerta como un substituto natural de los antidepresivos en la psicoterapia,  ya que el sistema de serotonina en los nervios es sobre lo que actúan los antidepresivos existentes. Si las farmacéuticas lo permitieran, las personas depresivas podrían tomar una pastilla de psilocibina todos los días y ver el mundo un poco más soleado.
Aún más significativo es el hecho de que los efectos de la psilocibina en el tratamiento de la depresión podrían ser a largo plazo, ya que la psilocibina incrementa la expresión de genes y proteínas asociadas con el crecimineto de nervios. “Creemos que los efectos antidepresivos de la psilocibina podrían deberse a un posible incremento en los factores que activan la neuroplasticidad a largo plazo,”  dijo Franz Vollenweider, del Hospital Psiquiátrico de Zurich, quien estudia los efectos de las sustancias psicodélicas.
El sitio Alternet tiene un interesante reportaje sobre un ingeniero  de una importante compañía de software que recoge hongos en San Francisco una o dos veces por año y que los utiliza simplemente para reconectarse con la naturaleza y consigo mismo, de forma tranquila, no como algo meramente recreacional: un ejemplo del nuevo paradigma que puede surgir en la cultura psicodélica dentro de la sociedad. Personas totalmente funcionales que optan inteligentemente por tomar en ocasiones plantas psicodélicas, más allá de tener o no experiencias trascendentales,  y regresan a la sociedad con una mirada fresca para aportar nuevas formas de hacer y ver las cosas.
KETAMINA
Este disociativo usado como anestesia para animales que fue introducido al mundo de la psiconáutica por el genial y demente biólogo marino John Lilly, tiene también una interesante aplicación para tratar la depresión severa. En un estudio realizado por Carl Zarate del Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos pacientes que no habían respondido al tratamiento normal contra la depresión respondieron hasta en un 70% cuando se les inyectó ketamina en dosis pequeñas. La respuesta comúnmente ocurrió en las primeras 24 horas, lo cual es extraordinario para un antidepresivo.
El pionero en comunicación entre diferentes especies, John Lilly, solía tomar Ketamina y LSD en tanques de aislamiento, en su esfuerzo por “desprogramar la biocomputadora humana”. Lilly describe sus experiencias con la ketamina como “espiar por el ojo de la cerradura de la eternidad”.
A diferencia de las demás sustancias en esta lista, la ketamina tiene una mayor vinculación con la muerte (casi una seducción). Un ejemplo de esto es el caso reportado por el Dr. Edward Domino en su excelente artículo “Taming the Ketamine Tiger”. La maestra de yoga y celebrity Marcia Moore y el anestesiólogo Howard Alltounian tomaron ketamina juntos y después de dos túneles de Vitamina K se enamoraron y se comprometieron en tan sólo 1 semana.  Mrs. Moore fue llamada la “sacerdotisa de la Diosa Ketamina” y empezó a tomar Special-K diariamente. Después de ser advertida de los daños que la sustancia ocasionaba, Moore le dijo a su esposo que estaba consciente de esto pero que quería “domarla”. En enero de 1979 Marcia Moore desapareció; dos años después se encontró su esqueleto. Se cree que se inyectó ketamina y murió congelada en el bosque.
PEYOTE/SAN PEDRO/MESCALINA
Aunque no existen muchos estudios sobre las propiedades medicinales de este cactus y su alcaloide principal, hay iglesias enteras y comogonías que giran en torno a sus propiedades visionarias y medicinales. Los huicholes en México llaman a este cactus “hikuri” (transpersonalización del venado azul)  y de manera popular cuando hablan en español se refieren  a una parte de esta planta literalmente como medicina.
Las tribus nativo americanas que tienen permitido comsumir peyote por razones de tolerancia religiosa lo emplean para quitar el dolor de muelas, el dolor de parto, la fiebre, el reumatismo, la gripe, la diabetes e, ilustratiavmente, para la ceguera (botones de peyote en vez de ojos para ver la luz invisible).
Uno de los pocos estudios sobre el peyote con que contamos (McCleary, J.A.; Sypherd, P.S.; Walkington, D.L., 1960, “Antibiotic Activity of an Extract Of Peyote [Lophophora williamsii]“) sugiere que éste puede ser usado en varias preparaciones para tratar neurastenia, histeria y asma. Un agente soluble en agua antibiótico y antiséptico en contra de distintas bacterias extraído de esta planta fue llamado peyocactin.
Los indígenas raramuri (tarahumaras) aplican peyotes masticados a heridas, quemadas, mordeduras e inflamaciones musculares. Este mismo grupo indígena mastica peyote en su épicas caminatas a lo largo del desierto, en las que llegan a recorrer más de 50 kilómetros, lo que sugiere que el peyote funge como un estimulante anabólico (algo que suena lógico siendo que es parte de la famila química de las feniletilaminas, que incluye al MDMA y a las anfetaminas).
Los indios Kiowa usan peyote para tratar la gripe, la fiebre, la tuberculosis y otras enfermedades (Vestal, Paul A. and Richard Evans Schultes,  1939, The Economic Botany of the Kiowa Indians. Cambridge MA. Botanical Museum of Harvard University).
El peyote y la mescalina han sido usados creativamente por numerosos artistas, místicos y filósofos, entre los que destacamos a Jean Paul Sartre, quien bajo la influencia de la mescalina compuso su novela existencialista La Náusea (y luego fue persegudio por una langosta gigante); Carlos Castaneda, quien popularizó esta sustancia en su saga de aprendiz de brujo con el indio yaqui Don Juan Matos y a quien el peyote se le presentó como una entidad zoomórfica; Aldous Huxley, narrador de su propia experiencia con la mescalina en el libro Las Puertas de la Percepción; y Aleister Crowley, el último gran mago de Occidente, quien fue una de las primeras personas en llevar mescalina a Europa hace más de 100 años, después de obtener el grado 33 de masón en México. Crowley utilizaba la mescalina, así como otras sustancias narcóticas, en sus operaciones erótico-mágicas para entablar comunicación con entidades transdimensionales.
LSD

El padre del LSD, el Dr. Albert Hofmann, llamaba al ácido lisérgico “medicina del alma”. Hofmann creía que el LSD podía cumplir con la función de reconectar a la gente con la “naturaleza viva” y antes de morir escribió una carta a Steve Jobs, el CEO de Apple, pidiéndole que apoyara la investigación científica del LSD, “su hijo problema”. Jobs no respondió, pese a que había elogiado el LSD diciendo que éste había cambiado su vida.
Antes de ser prohibido a mediados de los sesenta, el LSD probó ser efectivo en la psicoterapia. Un caso emblemático es el del superestrella de cine Cary Grant, quien tomó LSD en los cincuenta bajo la batuta del Dr. Oscar Janiger. El LSD ayudó a Cary Grant a sobreponerse a su ego y a superar miedos e inseguridades.
“La acción del químico libera el subconsciente para que se vuelva patente. Hace que puedas ver lo que transpira en la profundidad de tu mente —y lo que sucede ahí no lo podrían creer, damas y caballeros— y puedas aprender qué prejuicios, miedos y culpas, con sus represiones resultantes, inhibiciones e inseguridades, han formado el patrón de tu conducta pasada. Un patrón recurrente desde la infancia”, dijo Grant, con gran penetración psicológica, alumbrando el secreto del LSD: es una sustancia psiconalítica, cuyo cauce natural es la operación y reprogramación del cerebro.
Actualmente está por concluir el primer estudio médico con LSD aprobado por un gobierno desde 1972.  Significativamente es en Suiza donde el Dr. Mario Gasser está llevando un estudio —financiado por MAPS— sobre  los efectos que tiene la psicoterapia asistida con LSD en la ansiedad asociada con las enfermedades que ponen en peligro la vida. El estudio consta de 12 pacientes con cáncer en etapa avanzada y otras enfermedades graves. Según Gasser, los resultados son prometedores. La investigación sugiere que el LSD permite a los pacientes vencer a su miedo a la muerte, algo que por sí sólo es altamente significativo.
El sitio The Daily Beast publicó el año pasado el perfil de un individuo que padeció cefalea en racimos (cluster headache) por 20 años  y que encontró alivio inmediato con el uso de LSD.
“Mi cabeza estaba más clara de lo que había estado en los últimos 20 años. Otros medicamentos se sentían como si sólo ocultaran el dolor. Con el ácido toda la presión se había ido”, dice Bob Wold sobre su experiencia curativa con el LSD.
Esperamos que el mundo imaginado por la novela UBIK de Phillip K. Dick no sea tan lejano. En esta novela de ciencia ficción un grupo de psíquicos realiza viajes interplanetarios para encontrar que en las máquinas dispensadoras existen sustancias psicodélicas disponibles por unos cuantos centavos—incluyendo un análogo del LSD basado en el ergot en una base lunar.
AYAHUASCA
Quizás la más prometedora de todas las medicinas psicodélicas sea la ayahuasca. De origen este brebaje exhíbe una intención y un linaje medicinal al ser una combinación de dos plantas, lo que le permite al alcaloide psicodélico (DMT) ser activo vía oral. Es decir, la ayahuasca es el resultado de la investigación farmacológica por medios no ordinarios de los chamanes del Amazonas —la leyenda dice que fue el jaguar el que enseñó a hacer ayahuasca— y combina en su preparado plantas medicinales con plantas visionarias. Las preparaciones varían según el “ayahuasquero”, pero se incluye siempre un inhibidor MAOI,  tradicionalmente la liana banisteriopsis caapi (“la viña de espíritus”) y una planta que contenga DMT (o 5-MeO DMT) como la chacruna (Psychhotria viridis).
La fama medicinal de la ayahuasca llegó a oídos de los escritores beat Allen Ginsberg y William Burroughs desde la década de los cincuenta. Burroughs intentó dejar la heroína usando la ayahuasca, pero su incorregible talante de junkie le impidió lograrlo del todo (su relación con los opiáceos duraría toda su vida). Sin embargo su peregrinación en búsqueda de la ayahuasca lo dejaría fascinado con las propiedades telepáticas de esta sustancia, lo que acabaría gestándose en una encantadora novelita “El Fantasma Accidental”, en la que un capitán británico en Madagascar que consume ayahuasca tiene una relación paranormal con los lemures (fanastmas) de esta isla.
En un principio se creía que la sustancia activa de la liana banisteriopsis caapi era la telepatina, siguiendo los reportes de los usuarios tradicionales de la ayahuasca, que reportaban visiones colectivas de jaguares, serpientes y pájaros enjoyados; la habilidad de ver eventos futuros; y la capacidad de entablar contacto telepático con otros miembros de la tribu, con espíritus, plantas y animales. Actualmente se sabe que la telepatina ocurre en distintas plantas y en realidad se conoce como harmina. Existen numerosos relatos de experiencias telepáticas durante la ingesta de la ayahuasca, incluyendo las del maverick psiconauta, Terence Mckenna, que en su sesión de conferencias “The Tree of Knowledge” relata sus experiencias telepáticas en tomas de ayahuasca en Perú y luego con sus propios brebajes. Mckenna apunta a que no se puede desestimar a la ayahuasca como una sustancia telepática, ya que tiene “una increíble habilidad para ver lo que otras personas quieren decir. La ayahuasca es conducida por el sonido, por la canción, por el silbido, y su capacidad de transformar el sonido, incluso el sonido vocal, en el espectro visible, indica que hay una membrana o frontera de procesamiento de información que está siendo superada por la farmacología de esta sustancia”. Esencialmente Mckenna sugiere que la ayahuasca y otros psicodélicos que ocurren de forma natural en el metabolismo humano  (la ayahuasca es análoga a la serotonina) tienen una fascinante capacidad para materializar el Logos, para que la palabra no sea oído sino sea asida.
El mismo Mckenna en sus sesiones del “Árbol del Conocimiento” revela que la ayahuasca es el único psicodélico que conoce con el cual te sientes físicamente mejor después de tomarlo (incluyendo a los hongos, sus consentidos).
El Dr. Jeromy Narby, en su libro The Cosmic Serpent formula la hipótesis de que los chamanes del Amazonas son capaces de entrar en contacto a nivel molecular con el ADN y extaer información, la cual usan para curar. De esta forman han logrado desarrollar medicinas complejas como el curare y quizás la misma ayahuasca, en el susurro biofotónico del ADN-Axis Mundi:
“Mi investigación me ha llevado a formular la siguiente hipótesis: En sus visiones, los chamanes  llevan su conciencia a nivel molecular y obtienen acceso relacionada al ADN, al que llaman “esencias animadas” o “espíritus”. Aquí es donde ven dobles hélices, escleras espirales, y formas de cromosomas. Así es como las culturas chamánicas han conocido por milenos que el principio vital es el mismo para todos los seres vivos y tiene la forma de dos serpientes entrelazadas (una viña, una cuerda, una escalera)”.
El curandero Juan Flores, quien ha trabajdo con el blogger sincromístico Jake Kotze (quien descifra los códigos esotéricos de la cultura popular), dice que la ayahuasca es una “puertita” que se abre para que los espíritus de otras plantas entren. Flores dice haber aprendido el arte de la curación con las plantas de los espíritus extraterrestres, que lo llevaron a habitaciones brillantemente iluminadas -como hospitales- en el cielo. El chamán cósmico explica que los grandes maestros van al centro de la galaxia a estudiar:
Si bien el DMT (dimetiltriptamina) que llevan los brebajes de ayahuasca está prohibido, la ayahuasca es legal dentro de un contexto religioso en países como Brasil, donde la Iglesia del Santo Daime y la Unión Vegetal cosumen de forma sacramental esta sustancia. Un estudio médico realizado por el Dr. Dennis Mckenna y el Dr. Charles Grob con la participación de científicos de Brasil, Finlandia y Estados Unidos mostró que miembros ayahuasqueros de la Unión Vegetal obtuvieron mejores resultados que un grupo de control en pruebas cognitivas y de memoria. En un examen psicométrico de personalidad, los ayahuasqueros mostraron significativamente mayor confianza vs miedo a la incertidumbre, una tendencia mayor a formar comunidad vs timidez y un mayor optimismo vs preocupación ante lo desconocido.
Fondeado por capital francés, se ha construido en Perú el Centro Takiwasi, especializado en el tratamiento de las adicciones con ayahuasca.
Existen numerosas investigaciones sobre el potencial de la ayahuasca en el tratamiento de adicciones (“el veneno es el antídoto”, se invierten los papeles): aquí una serie de enlaces a artículos de investigación.
Una triptamina, al igual que los hongos,  una de las sustancia activas de la ayahuasca es molecularmente similar a la serotonina y en este sentido tiene un potencial antidepresivo (al funcionar como un neurotransmisor). Aquí una serie de enlances de artículos de investigación sobre el potencial que tiene la ayahuasca como antidepresivo (quien sea que haya tomado ayahuasca sabrá que la ayahuasca tiene efectos considerables y duraderos sobre el estado de ánimo).
Terence Mckenna decía que la diferencia entre algunos esquizofrénicos y algunos chamanes es que los esquizofrénicos son medicados y aislados por la sociedad (eso y que los chamanes saben regresar de sus excursiones psiconáuticas). Tal vez el veneno sea el antídoto. Aquí una serie de enlaces sobre las posibilidades que tiene la ayahuasca de tratar la esquizofrenia.
Por antonomasia, el ayahuasca es la medicina psicodélica intergral: existen varios reportes sobre personas que dicen haberse curado del cáncer a través de la medicina chamánica que utiliza ayahuasca. El Dr. Donald Topper de la Universidad de Hawai y fundador del Drug Policy Forum de Hawai escribió un recuento de su experiencia con la ayahuasca y el cáncer para la organización MAPS. Topper había sido diagnosticado cáncer colorectal; en 1996 se le dijo que el cáncer se había esparcido a su hígado. Topper empezó a tomar ayahuasca con miembros del Santo Diame y luego con un aprendiz de chamán. Después de varias sesiones se hizo un examen y un oncólogo le reveló que los antigenes cancerígenos que tenía habían desaparecido. Topper atribuyó su recuperación a la ayahuasca.
El sitio Alternet reporta sobre el extraordinario caso de una mujer que dice haber tenido cáncer, el cual fue extraído por un chamán durante una sesión de ayahuasca.  ”Durante la sanación Carlos extrajo humo negro de mi pecho, donde el cáncer estaba. Pude ver hacia adentro. Mis células estaban vivas, pulsando con el ritmo del cosmos”, dice esta mujer.
Existen numeroso relatos personales en la Red sobre personas que dicen haberse curado del cáncer en sesiones de ayahuasca y de curanderos que dicen curar hasta el SIDA con la puerta que abre esta planta. Evidentemente estos relatos no tienen una validez científica, pero sí invitan a realizar una investigación más amplia.
La sanación ayahuasquera abre la puerta a una dimensión alternativa de la medicina, la sanación simbólica y energética. Los chamanes en ocasiones describen que la ayahuasca les revela cierta información la cual utilizan en conjunto con sus conocimientos botánicos para realizar una curación, pero a veces son las mismas visiones de la ayahuasca las que curan, ya sea a través de un proceso simbólico de integración psíquica o mostrando el cuerpo energético  y en su visibilidad la posibilidad de mover los puntos y filamentos de este cuerpo para restablecer el orden de la salud. La ayahuasca como otros enteógenos libera el inconsciente y lo hace surgir a la percepción consciente; los símbolos son las unidades anatómicas del inconsciente, y en este sentido operar simbólicamente es operar sobre la anatomía del inconsciente: el espíritu. De esta forma, también, se trabaja no sobre los síntomas, sino sobre las causas de una enfermedad (el proceso mental o emocional que las somatizó)  ¿Es posible hablar entonces de una medicina simbólica que modifique o reajuste la estructura del cuerpo álmico? Si consideramos la posibilidad de que nuestra estructura básica sea el lenguaje, en la profundidad informática de nuestras células, en el código de “letras” de nuestra genética, entonces no es tan descabellado pensar que un lenguaje -sonidos, palabras, imágenes- pueda curararnos (reprogramarnos).
BUFO ALVARIUS/5-MeO-DMT
Al igual que la ayahuasca y el peyote, el sapo Bufo Alvarius fue elevado a la condición de sacramento y formó una iglesia a su alrededor, la fugaz “Iglesia del Sapo de la Luz”, con Albert Most como sumo pontífice. El 5MeO DMT es la sustancia psicodélica más potente conocida en el mundo (una versión comprimida de la ayahuasca a la velocidad de la luz 4 veces más potente que el DMT). Si bien esta sustancia, conocida como “la molécula de dios”, que también se produce de manera natural en el cerebro, no tiene el linaje medicinal de la ayahuasca, y en ese sentido carece del campo morfogenético de estas plantas y sus ancestros, su poder es tal que sirve como un breve comodín holográfico con el cual probablemente se pueda hacer lo que sea.  Su corta duración y enorme intensidad apuntan a la posibilidad de una medicina que funcione como terapia de shock, una experiencia transformadora que puede sacudir la raíz de la psique y liberar las energías bloquedas que generan enfermedades crónicas. Aunque no existe ningún estudio científico que legitime el uso de esta sustancia (y recientemente ha sido archivada como una sustancia controlada en Estados Unidos), quizás no es un error decir que tiene gran potencial en el ámbito de la medicina al ofrecer casi seguras e instantáneas experiencia místicas para todos sus usarios. De la misma forma que una experiencia cercana a la muerte puede cambiar la vida de una persona, una experiencia enteógena con el 5MeO DMT puede detonar profundos cambios que lleven a una persona hacia un estado de armonía y poder personal.
Como dijimos al principio de este artículo, en ocasiones el veneno puede curar, en este caso literalmente, ya que el 5 MeO DMT es extraído del veneno del sapo de Sonora.

IBOGAÍNA
La ibogaína (Tabernanthe iboga) es una sustancia ligada a prácticas chamánicas en África, descubierta por occidentales en la segunda mitad del siglo XIX. Si bien todas las sustancias psicodélcias tienen la capacidad de ayudar a dejar adicciones a drogas fuertes como la cocaína, le heróina e incluso el tabaco y el alcohol. La ibogaína, junto con la ayahuasca, es la más prometedora. Es más, el tratamineto con iboga podría ser el más efectivo del mundo, con un porcentaje del 80% de efectividad en el relevo de adicción a opiáceos, según un estudio publicado en el American Journal of Addictions. Aunque la ibogaína es ilegal en buena parte del mundo, existen numerosas clínicas informales que ofrecen este innovador tratamiento, que no sólo ayuda a dejar terribles adicciones, deja al paciente con una sensación de reencantamiento con la vida (sin tener que recurrir a la religión).
Por si esto fuera poco, Terence Mckenna decía que la iboga era el afrodisiaco más poderoso del planeta y, como es evidente, el sexo puede ser una de las medicinas más potentes.