Beber café es para
los cubanos como el té para los ingleses, su consumo está muy naturalizado
entre las personas y cuenta con numerosos referentes en todas las
manifestaciones del arte.
La única diferencia
está en el momento, pues si bien los británicos observan con disciplina la hora
para degustar la infusión, en Cuba cualquier momento y pretexto es bueno si se
trata de una dosis del aromático grano.
En las zonas
rurales, o en las más importantes metrópolis, el sorbo de la mañana nunca
falta, y preferiblemente fuerte y oscuro.
